“La Sombra, el ego reprimido”


Quien mira hacia dentro, despierta. Jung


El término de “Sombra” (lo no alumbrado) hace alusión a lo inconsciente.


Centrándonos en el área del “yo personal”, este concepto se designa al aspecto no consciente de la personalidad. Aquellos rasgos o características de la identidad que no se reconocen como propios. Es decir, todo lo no observado, reconocido y asumido por la consciencia dada la incompatibilidad que surge en la percepción de uno mismo. Digamos que hay partes internas que nos resultan inconcebibles por su antagonismo con la visión de uno mismo y la predominancia de “nuestra personalidad según el filtro de nuestra mente”.


Estos contenidos rechazados, los impulsos más primitivos, viven ocultos y reprimidos creando desequilibrio. Evidencian las carencias internas no atendidas que “ahogamos”. Por otro lado cuando nos sentimos desbordados, brota el estallido descontrolado ante la imperiosa necesidad inconsciente.


La armonía invita a volver al punto medio entre dos extremos: Reconocer lo sombrío que habita dentro haciendo así consciente lo no iluminado. El devenir consciente de la sombra. Bajo la máscara, la apariencia, la fachada del “yo consciente”, hay toda una gama de emociones, conductas, tendencias y patrones. Es un territorio usualmente no explorado y sin embargo, condicionante.


Cualquier manifestación de exageración, la señala. Los extremos y radicalismos evidencian que hay rastro de “Sombra”. Lo que no soportamos en los demás, es aquello que nos desagrada de nosotros mismos. De ahí la popular teoría del espejo, donde el otro continuamente me refleja. Aquellas características que aborrecemos y censuramos en otros no son más que una proyección de nuestra propia sombra. Lo que más nos irrita de los demás es aquello que puede conducirnos a un mejor conocimiento de nosotros mismos. Desde esa perspectiva, aquellos que remueven nuestras sombras internas nos hacen en realidad un favor evolutivo y nos impulsan a crecer.


Y es que en la perfección de la vida, la polaridad dual de la Tierra tiene su sentido y su función. No se trata por tanto de erradicar la Sombra, sino de “verla” y así dejar de resistirse a lo que rechazo de mí, aceptando “eso” que también soy.


La clave hacia el despertar de la ilusión del ego está en la Integración de las partes.

Somos conciencia en evolución contenida en unidades de materia encarnada experimentando. Una mención a la importancia de abrazar cielo y tierra, cuerpo- mente-espíritu. Atención a la Sombra de la Nueva Era. Algunos gurús que bajo una apariencia de “supuesta iluminación” se colocan la etiqueta de “soy mejor que tú, sé más y mi verdad es la verdad”. Reprimen su aspecto “humano” considerándolo “no autorizado” como representantes de la luz, el amor y la bondad en contraposición a los pobres humanitos de a pie ignorantes aún presas de lo mundano.


En realidad, la aceptación de la sombra es una cuestión de AMOR y de ILUMINACIÓN. Quien más quien menos a bordo del planeta, sigue trabajando en sí mismo hasta el último aliento. Amarse a uno mismo tal como se es, desde una mirada tierna, sabiendo que muchos de nuestros rasgos más sombríos tienen la raíz en vivencias marcadas de nuestra biografía y que la identidad es producto de lo experimentado. Admitiendo que el inconsciente colectivo tiene su influencia. Que somos seres en continua transformación y que no es lo mismo responsabilidad evolutiva que culpa, forma parte del proceso de crecimiento.


El autoconocimiento y la consciencia conducen a un estado de bienestar, que a la vez irradiamos a otros. Darse cuenta de manera cotidiana de posibles aspectos a mejorar nos hace permanecer atentos en la observación y de ese modo, EVOLUCIONAR.


LA TERAPIA TRANSPERSONAL es especialista en la exploración de la SOMBRA en su propuesta hacia la reconexión con el Ser.

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